hoja 1
VIAJE AL PASADO


     -Puedes comprar la que más te guste ¡hijo! es mi regalo de cumpleaños -dijo el papá de Jorge. Y lo dejó en la zona comercial más selecta de la ciudad. En este punto, el muchacho estaba citado con Rosa, su amiga favorita, para ayudarle a elegir mascota, no tuvo que esperar mucho tiempo, en seguida apareció alegre, feliz y despreocupada, la preciosa y algo remilgada niña.

         Jorge quería un animal de compañía distinto, original, no buscaban un perrito, ni un gatito, ni siquiera una pitón domesticada, último grito en mascotas, para ello entraron en el "UNIVERSO FANTÁSTICO" un establecimiento donde se exhibían todo tipo de bichos y aparatos exóticos. Fueron recibidos por la propietaria con grandes muestras de afecto, y convencidos para ingerir una exquisita pócima con sabor a chocolate, que en medio de un extraño ritual, ella misma había preparado ante la atónita mirada de los niños. Desde el primer sorbo comenzaron a ver como algunos objetos bailaban a su alrededor y, entre espesas humaredas de muy diversos colores, sentir la agradable sensación de volar, de elevarse desde el suelo hasta el techo y moverse de un lado a otro de la estancia sin pisar el suelo y con un dominio total del desplazamiento; aturdidos como estaban, no dudaron ni por un momento, en apurar el contenido de la taza.

         Nada más acabar el brebaje, algo en su interior se agitó: primero sintieron arder su estómago, después un tremendo estallido en la cabeza, para luego irse sumergiendo poco a poco y de forma muy placentera en una espesa niebla que les impedía toda visibilidad, cuando comenzaron a vislumbrar objetos, su mundo había desaparecido y por más que se esforzaban en comprender, no encontraron respuesta a su situación, ni nada, absolutamente nada, que les fuera familiar.
     -Jorge ¿Qué es esto?
     -No lo sé Rosa.
     -Estoy muy asustada.
     -No te preocupes, al menos estamos Juntos.
     -¿Qué ha sido de la tienda donde nos encontrábamos? ¿Y la dependienta con todos sus cachivaches? -continuó diciendo Rosa, cada vez más inquieta.
     -Te repito que no entiendo nada, este enigma me sobrepasa, pero sin duda promete ser una aventura apasionante, -respondió Jorge, tratando de disimular su preocupación y restando dramatismo al evento.
     -¡Mira! ahí, hay alguien.
     -Sí, es una mujer muy rara.

         Se encontraban en un estrecho patio fabricado con adobes, adornado por doquier con un sin fin de trastos viejos, raros e inútiles, para ellos. Llamaba especialmente la atención una señora muy corpulenta, a la que se hubiera podido definir como pétrea, de no haber sido por su incesante movimiento de manos, arrodillada ante un enorme barreño lleno de agua sucia y un cesto de ropa oscura y raída, atrapaba cada prenda por separado y la restregada con ahínco sobre una tabla llena de arrugas que unía el fondo del recipiente con el abdomen de la mujer, después la introducía una y otra vez sobre el líquido pringoso. En realidad lo que estaban contemplando con tanta fascinación, no era otra cosa, que una manifestación de cómo se lavaba la ropa en el lugar y época a donde tan misteriosamente habían emigrado.

         Cuando la buena mujer reparó en los muchachos, dejó su rutinaria faena y riendo a carcajada limpia, cogió toda el agua que pudo entre las cuencas de sus manos y la lanzó maliciosamente contra sus asustadas caras, éstos muertos de asco y miedo sin darle tiempo a que repitiera la acción, salieron corriendo a una calle atascada de lodo, y allí se vieron arrastrados por una ruidosa y alocada multitud. Incapaces de reaccionar ante lo chocante e insólito de todo cuanto les rodeaba se dejaron llevar.

         Las personas exhibían, sin ningún pudor, vestimentas sucias y harapientas, eso sí, sin escatimar en tela, eran tan largas que sobrepasaba los tobillos, alborozadas corrían o caminaban vociferando en la misma dirección, la mayoría transportaba algún objeto o tiraba de algún animal y de todo aquello que tuviera ruedas.

         Los vehículos, sin ninguna excepción, eran de tracción animal, rudimentarios ingenios como carros arrastrados por mulos famélicos, carretillas empujadas por hombres, niños o mujeres, además de otros muchos que nunca llegaron a saber su nombre, había también lujosos carruajes (era lo más escaso), tirados por briosos caballos, no faltaba un buen surtido de animales de granja, tales como: gallinas, pavos, corderos, cabras..., trabados cruelmente por las patas y medio arrastrados hasta la única plaza del lugar para su venta.

         Con el tiempo aprendieron (además de otras muchas cosas), que era viernes jornada de feria y por tanto día de intercambio de productos, apenas circulaba la moneda y el método más usual de comerciar era el trueque.
     -Parece que hemos viajado al pasado -dijo Rosa.
     -Creo que es culpable del brebaje que nos dio la dueña de la tienda de mascotas -respondió su amigo Jorge.
     -No hay la menor duda, de que fue la bebida, -continuó la niña- ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos volver?








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