Pulsando en estas ventanitas puedes acceder a las actividades lúdicas de la web: crucigramas, sopa de letras, completar frase, cuestionarios y muchas más.
Como te decimos todas son muy entretenidas y divertidas, tienes una escala de niveles para que elijas las que más se acople a tus gustos.
Todas las palabras puedes encontrarlas en el texto del cuento.
Tecla tuvo la sensación de que se había equivocado la noche anterior, al programar el despertador, cuando su chirriante,
inoportuno y desagradable sonido la despertó. ¡Parecía tan temprano!
Solo se filtraba una tenue luz, extraña y desconocida, a través las tupidas cortinas del balcón, escuchó un momento a ver si
oía la cariñosa a la vez que enérgica voz de su madre que siempre y con idéntico repertorio, acompañaba la señal acústica:
-¡Vamos perezosa! Que vas a llegar tarde al colegio.
La espera fue en vano. "Decididamente me he equivocado de hora", pensó, a la vez que intrigada saltaba de la cama precipitándose
escaleras abajo hasta llegar al salón. Un breve vistazo al reloj que colgaba de la pared cuyo enorme péndulo en su incesante
vaivén parecía amenazar con estrellarse contra el suelo, vino a sacarla de dudas, a la vez que aumentaba su estupor, en efecto, era las ocho en punto,
cuando el sol todos los días, en esa época del año, ya había recorrido un buen tramo de la panorámica celeste que tenía ante
sí. Abrió la ventana y el pánico la paralizó, al descubrir, el por qué de tan extraña luminosidad: todos y cada uno de los
colores habían desaparecido exceptuando el blanco y el negro además, de alguna que otra tonalidad grisácea.
Cada vez más asustada, sin apenas darse cuenta de lo que hacía irrumpió
en la cocina donde debería encontrar a su madre preparando el desayuno y en efecto allí estaba, al habitual saludo de los
buenos días no obtuvo ninguna respuesta, cuando se acercó para besarla otro susto mayúsculo, sus labios se había esfumado,
para dar paso a una flor muy blanca y resplandeciente.
En seguida reparó en Mimo y algo parecido a un suspiro de alivio
salió de su angustiado pecho al ver que el gatito conservaba el lustroso pelaje blando de siempre, pero cuando tras sus pasos,
irguió la cabeza y clavó la mirada en la de Tecla, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, los hermosos ojos verdes del felino,
lucían un color blanquecino sin ninguna expresión y, apenas contrastaba con el resto de su anatomía.
No quiso desayunar las negras rebanadas de pan que salían de un tostador del mismo color, y se fue corriendo al colegio llena
de miedo ante la sospecha de lo que allí podía encontrar, sus temores fueron más que justificados, antes sus atónitos ojos
apareció un escenario más que dantesco, todo el edificio, la vegetación, el material escolar, los compañeros y hasta la
mismísima profesora habían sufrido algún tipo de metamorfosis: Una enorme mancha negra con una estrecha ranura en el centro, ocupaba casi todo el rostro de la joven y antes atractiva maestra,
de la que fluían, sin cesar, acompañadas de centelleos humeantes del mismo color, pero algo más intenso, las palabras:
-Habéis llegado tarde, os castigaré por ello.
-Habéis llegado tarde, os castigaré.....
Los ojos de Sara, su mejor amiga, se habían convertido en dos diminutos relojes de cuco, cuyas manillas giraban a una velocidad
tan desorbitada que mareaban.
La nariz de Natalia, su compañera de pupitre había sido reemplazada por una enorme concha de caracol.
Carlitos el niño más guapo, divertido e inteligente de la clase lucía un generoso excremento de vaca en la frete, que le obligaba a ladear el cuello, además de dar al traste con su belleza.
En la cabeza de Félix, alias el empollón, se había incrustado un enorme zambullo a modo de casco, que era la risa de todos sus compañeros.
En realidad, los unos se reían de los otros, sin darse cuenta de que cada cual por separado (no había ninguna excepción que
denotara normalidad dentro de la extensa lista escolar), era víctima de la inesperada transformación, todos los semblantes en
general e incluso algunos cuerpos en particular exhibían alguna ridícula o macabra reliquia que además de incitar a la burla
les daba un aspecto siniestro. Ella misma sería sin duda, una muestra más de la sorprendente mutación. Ante el temor de tropezar
con un rostro desfigurado y desconocido, fue incapaz de mirarse en el espejo cuando pasó al lavabo.
Tuvo la mala suerte de que su cuaderno y lápiz coincidieran en tonalidad, los dos eran de un gris muy oscuro, sin ningún
contraste, y por más que se esforzaba en hacer las tareas de clase no se podía ver, ni reconocer, ni apreciar el resultado,
motivo por el cual el deforme rostro de la profesora se le echo encima con todo tipo de reproches e insultos inmerecidos
acompañando sus palabras con los chisporroteos oscuros que salían de su anómala boca, que para colmo de males, el furor había
convertido en incandescentes llegando a lastimarle el rostro cada vez que se le aproximaba.
-Te expulsaré a un lugar en donde las niñas perezosas y desobedientes, reciben el castigo que merecen, espero que tengas alas
de lo contrario lo pasará muy mal, -ironizó con crueldad la profesora, y sin darle tiempo para defenderse, la agarró por
el brazo y con un enérgico empujón la arrojó a un lóbrego aposento carente de suelo, ni siquiera contaba con un pequeño
escalón donde poder apoyar los pies, irremediablemente, se precipito a un interminable vacío y mientras caía dando vueltas y
vueltas sin ningún control, no dejaba de pensar que en algún momento de su fatídico trayecto terminaría estrellándose contra
algún objeto consistente que acabaría con su existencia, y en vano se desgañitaba gritando y llorando a la vez que pedía piedad
y socorro. Pero ¡oh milagro! un sonido harto familiar la sobresaltó, en esta ocasión, sí era el auténtico despertador.
Tardó un buen rato en volver a la realidad, temblaba de pies a cabeza, las lágrimas mojaban su cara y el sudor empapaba todo
su cuerpo, voló hacia la ventana, descorriendo las cortinas, miró hacia el cielo comprobando aliviada que todo había sido
una terrible pesadilla, el sol estaba donde debía estar, y todas las cosas que le rodeaban mostraban su colorido habitual.
De la cocina subía un agradable aroma a pan tostado, bajó la escalera con tanta destreza que no dio tiempo a que su madre
pronunciar la frase de todos los días: "Vamos perezosa que vas a llegar tarde". También allí todo estaba en orden.
Después de asearse y degustar el suculento desayuno que le había preparado su mamá. Tecla salió corriendo hacia
el colegio a gozar de todas las maravillas que le proporcionaba la vida a cada instante, gritando en su interior:
"¡Gracias mundo! por ser tan hermoso, me gusta tal como eres".
En el camino se le fueron uniendo muchos de sus compañeros con su aspecto y ocurrencias de siempre.
      
-¡Niño!:
      
¡Eh! Sí que es a ti, si tengo otro sueño interesante ya te lo contaré.
      
Teclina (que es así como a mí me gusta firmar).
FIN
Canciones infantiles muy antiguas. Desde estos enlaces puedes acceder a todas las que tienen partitura.