EL FANTASMA MILENÓN


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Todas las palabras puedes encontrarlas en el texto del cuento.






Título: El fantasma Milenón
Autora: Malupa Fontana Óter

 El majestuoso esplendor que luciera el castillo en otros tiempos, (modelo sin par en su época) había quedado reducido a una desoladora ruina. El fantasma milenario de nombre Milenón, único ocupante de la devastada fortaleza, llevaba varios días encerrado en el muro del lado oeste que aún quedaba en pié, se encontraba sumido en una profunda tristeza que le hacía bostezar continuamente. ¡Cómo habían cambiado los tiempos!, en sus dilatados lustros, nunca hasta entonces se había sentido tan humillado. 

Como no tenía ningún temor a ser descubierto, se fue deslizando por los aires a plena luz del día, cual bruja montada en su escoba, con la ventaja de no necesitar ningún artilugio para sus desplazamientos, hasta el museo de la ciudad a contar sus penas a Cleotina XXVII, una momia del Bajo Egipto mucho mayor que él, era su mejor confidente, mujer de toda confianza, sobre todo por su inmovilidad, envuelta como estaba en un sin fin de vendajes arcaicos, al menor zarandeo se habría desmoronado y dado al traste con su "lucido aspecto". 

-¡Buenos días Cleotina! ¿Cómo te va? 
-¡Hola Milenón, qué alegría tan grande!, ¡cuánto tiempo sin dejar caer tu sombra por aquí! 
-Veo que no te has movido de tu sitio -ironizó el fantasma, tratando de disimular su depre. 
-Presiento que algún asuntillo te tiene apesadumbrado, ¡vamos hombre!, ¡suéltalo ya!, me tienes intrigada -manifestó la egipcia, muy contenta de la inesperada visita, que venía a poner un poco de colorido en sus monótonos días. 
-¡Así es, verás!, el hecho es muy simple, pero a mí me ha calado en lo más hondo, -el fantasma apenas podía hablar por la congoja que le atenazaba la garganta- ayer visitado el castillo un grupo de chiquillos con la esperanza de verme... 
-Espera un momento -interrumpió Cleotina- he oído algo parecido a un ruido, ya sabes que todavía me funciona divinamente el oído, posiblemente se trate del espectro Pepón que es un cotilla, le gusta enterarse de todo, para después ir por ahí pregonándolo a los cuatro vientos. 
-No importa -continuó el fantasma- como te decía ayer visitó el castillo un autocar de chiquillos, (uno de esos ruidosos artilugios que ya te he descrito en más de una ocasión), con la intención de verme, como una curiosa atracción turística más, yo dudaba entre manifestarme o no, adelantándome a los acontecimientos, presentía lo que finalmente ha sucedido: los perversos pequeños al ver mi difusa silueta aparecer y desaparecer entre los muros que aún quedan en pie, lejos de asustarse como ha venido ocurriendo a lo largo de los tiempos, entre una terrible algarabía y alegres risotadas, comenzaron a lanzarme tantas y tan enormes piedras, que por poco no me dejan sin un ojo, gracias a la destreza adquirida tras numeroso años, he podido esquivar los peligrosos proyectiles. 
-¡Ja, ja, ja...! - Se desternillaba la momia de risa-, no me hagas esto que me voy a desmoronar, ¡no es para tanto, muchacho!, siempre claro está, que hayas salido bien parado del incidente, ¡tienes que adaptarte a los tiempos modernos! 

Milenón se ofendió tanto de la frivolidad con que su amiga acogía la noticia, que se marcho del museo apenas sin despedirse a casa de un extraño anticuario descendiente directo de su estirpe por parte de padre, a seguir relatando su pena, algo que le aliviaba sensiblemente. 
-¡Buenos días querido hijo! –Saludo afectuoso el fantasma, como eran parientes lejanísimos, siempre que se dirigía a él, lo hacía con toda familiaridad. 
-¡Ah, pero! ¿Estás aquí?, manifiéstate, para que te pueda vislumbrar y así poder concentrarme más en la conversación. 
-Perdona, -dijo el fantasma- hace tanto tiempo que me mantengo en este obligado anonimato, que a veces se me olvida que la gente normalita como tú no me puede ver. 
-Noto en tu cara que algo te preocupa ¡vamos vegete!, suéltalo ya -dijo el anticuario cariñosamente. 
- Confio que no te rías en mis propias narices como ha hecho Cleotina cuando se lo he contado. 
-No te preocupes no me reiré pero para un momento –dijo Casio, (que así le habían bautizado) hablando muy bajito- suena el timbre seguramente que será un cliente, si te ve se asustará y no volverá por aquí. 
-¡No, no te preocupes! si ya no se asusta nadie de un pobre fantasma pasado de moda, no obstante tomaremos las debidas precauciones para preservar el cliente. 
-¡Vamos, voy a abrir!, que no se percate de tu presencia –continuó diciendo el anticuario en el mismo tono de voz. 

Después de atender al cliente que solamente se llevo una dentadura con enganches de oro, perteneciente a un ricachón que había abandonado este mundo dos meses antes. El anticuario se sentó de nuevo junto a Milenón. 
-¡Continua, que me tienes en ascuas! 

Y le relató con pelos y señales el mismo episodio que acababa de contar a la momia al pie del sarcófago. El anticuario apenas podía reprimir las carcajadas por lo trivial del suceso y, eso que no era precisamente propenso a la risa, pero se contuvo a duras penas para no ofender a su "tatatatatara...." y algo, disimuló diciendo: 
¡Vaya, a que extremos hemos llegado! Cuando yo era niño me hubiera muerto de miedo si tropiezo con un fantasma que no hubieses sido tú, que tan familiar me has resultado siempre. 
-Recuerdo haberte visitado ya en la cuna, tu madre que desconocía mi existencia no comprendía por qué a veces te reías y parloteabas tanto, cuando eras más bien un niño muy seriecito. 
-Mis primeros recuerdos sobre ti, datan desde cuatro años aproximadamente, la primera vez que fui consciente de que eras capaz de atravesar las paredes, me diste un susto de muerte, después me divertía mucho siempre que lo hacías, hasta llegué a lucir algún que otro coscorrón intentando imitarte. 
-¿Crees que habrá algún medio de recuperar mi prestigio? –continuo el fantasmón. 
- No se, con tanta maquinaria moderna, que en si misma un misterio, pura magia. Figúrate –continuó Casio- son capaces de mostrar extraterrestres, gentes de otros planetas sin que haya ningún indicio de se existencia. Habría que inventar algo nuevo, algo.... 
-¡Algo nuevo! ¿Cómo qué? 
-Algo como una silueta diferente, con un nombre distinto, algo que no figure ni en este mundo ni en el diccionario. 
-¿Qué tal, para comenzar con el nombre Pitirititi? –intervino Milenón. 
-¡Muy cursi! –Añadió el anticuario- No seamos ingenuos, no encontraremos nada interesante. 
A pesar de todo, no se dieron por vencidos y continuaron buscando primero nombres distintos y después formas nuevas, palabras y siluetas diferentes sin encontrar nada original, nada que ya no estuviera inventado, exhaustos y decepcionados se dieron por vencidos. 
-¡Quizás otro día! -dijo el fantasma-, se ha hecho tarde, me voy para que puedas cenar. 
-Puedes quedarte si quieres y compartir la mesa conmigo. 
-¡No, gracias! sabes de sobra que no puedo alimentarme y me muero de envidia ver como lo hacen los demás, aún no he vencido el “mono del alimento”. 

Y se marcho prometiendo volver pronto e intentar buscar soluciones para su terrible problema, si no conseguía cumplir su cometido en este mundo tendría que abandonar el castillo (más bien el muro) para siempre, y la perspectiva no terminaba de convencerle, él lo pasaba “pipa”, intrigando a la gente. 
-¡Mira, mira, está allí! 
-¡No, está en la torre! 
-¡Vamos hombre!, no digais bobadas. 
-¡Yo también le veo....! 


Hasta pronto niños, por hoy se acabó la distracción.















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Tienes estereogramas, son imágenes en 3D, donde se lo pasan "pipa" niños y mayores tratando de descubrirlas. Como adelanto te dejo algunos vínculos:




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© Autora: Malupa Fontana Óter. Cuento nuevo, original, publicado solamente en esta web.
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