hoja 5
JUANILLO EL OSO
Incrédulo y abstraído en la contemplación de tanta maravilla
se encontraba Juanillo, cuando el sonido de unos discretos pasos le volvieron a la realidad. Por una especie de
pasillo, apareció una esbelta y algo lúgubre figura femenina,
que se le acerco y saludo amablemente:
-Ya que eres un hermoso y valiente joven, si tú lo deseas, te voy a ayudar a resolver el enigma del pozo encantado.
-Estoy deseándolo, para eso he bajado hasta aquí. -Respondió juanillo cada vez más ansioso e intrigado.
-¡Sígueme!
Él naturalmente, se apresuró a obedecer. La misteriosa mujer, le introdujo por un interminable laberinto rocoso hasta llegar a un pasaje en el que claramente podían
distinguirse tres puertas:
-Como puedes ver en este pasadizo hay tres puertas, detrás de cada una de ellas se encuentra cautiva una princesa, a cual
más bella, las tres han sido víctimas de un hechizo. Yo que soy su hada madrina, carezco de la fuerza necesaria para
deshacer el conjuro, pero si tu eres lo suficientemente atrevido para intentarlo, puedo ayudarte a conseguirlo.
El aguerrido muchacho no dudó ni un segundo en aceptar el reto.
-Podéis contar conmigo, buena mujer.
-Tendrás que luchar -continuó la anciana- por cada una de ellas por separado, enfrentándote a los siguientes peligros:
"Para salvar a la primera princesa, que está custodiada por una enorme serpiente con siete cabezas, deberás usar esta afilada espada
que te entrego, quedará reducida si le cortas la cabeza principal, la gran dificultad estriba en que esta situada en
el centro y protegida por las otras seis cabezas y además el cuello que la soporta es más corto.
El guardián de la segunda princesita, es un enorme dragón que hecha fuego por sus fauces, no tiene otra misión que
liquidar a todo aquel que se acerque con intención de arrebatarle su inestimable prisionera. Para acabar con él, has de
conseguir que se coma este pan y se beba este vino.
Alimentos estos, que también entregó al joven.
La tercera princesa, la más bella, está bajo la custodia de un espantoso y malévolo demoniejo, (éste como habréis
adivinado ya le era familiar a Juanillo) para vencerle solo tienes que cortarle la oreja derecha, lo cual no es fácil dada la
destreza, agilidad y fuerza del perverso mamarracho, otro inconveniente es que tienes que valerte por tus propios medios,
no dispongo de ningún artilugio que te pueda ayudar en este cometido".
La mujer desapareció de la misma misteriosa forma que había
hecho acto de presencia ante el muchacho, sin esperar siquiera a que le mostrar su agradecimiento, éste suspiró con alivio,
¡por fin había descubierto el misterio del pozo! y se le presentaba la ocasión de poner su fuerza y valor al servicio de
una buena causa: ¡liberar a las princesitas! Rápidamente se puso manos a la obra.
Comenzó su misión en el orden que se lo había sugerido el hada
madrina, llamando a la puerta custodiada por la serpiente de las siete cabezas, después de una encarnizada lucha con el
impresionante y maligno animal, en que todas las cabezas se movían hacia él a un son distinto, acertó, por fin, a dar con
la cabeza central, arrancándosela de un atinado corte.
Con el dragón la lucha fue más cruenta, estuvo toda una
mañana esquivando las ráfagas de fuego que continuamente le lanzaba con el firme propósito de fundirle en una de ellas, a punto
estaba de desfallecer cuando al monstruo le entró un irrefrenable apetito, momento que aprovechó Juanillo para ofrecerle,
solícito el pan y el vino, confiado el dragón lo tomó con glotonería cayendo al instante fulminado.
Cuando llamó a la tercera puerta, para nada se sorprendío al
ser recibido por el demoniejo con una grotesca sonrisa de triunfo en su caricaturesco rostro. Juanillo solamente contaba con su inseparable bastón, para defenderse de la
tremenda acometida, que inmediatamente inició su contrincante. La violenta contienda, como no podía ser menos, acabó con la
victoria del valiente joven cuando por fin pudo arrebatarle la oreja, que sin saber por qué y de forma inconsciente guardó
en uno de sus bolsillos.
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