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EL PATITO FEO
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Todas las palabras puedes encontrarlas en el texto del cuento.
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Título: El patito feo
Autor: Hans Christian Andersen
En una humilde y vieja granja situada cerca de un lago, mamá pato encubaba de mil amores su nidada esperando
pacientemente que salieran los polluelos, por fin llegó el ansiado día y uno tras otro con ayuda de su progenitora media
docena de inseguros patitos rompiendo el cascarón y al son del cuac cuac... comenzaron su andadura por la vida.
Solo uno se resistía a abandonar el huevo, era mayor que los demás y la mamá no recordaba como había llegado hasta allí,
por fin salió un polluelo distinto de los otros, con un extraño pelaje pardusco, mientras todos sus hermanos cubrían su
cuerpo con una algodonada pelusilla blanca.
El Patito Feo, ¡pobre!, fue el hazmereír de todos los habitantes de la granja, que acudían a verle como si de una atracción
de feria se tratara. Nadie, e incluido sus propios, hermanos querían jugar con él, le alejaban de su lado a "picotazo limpio",
solo su buena mamá le consolaba y proporcionaba el mismo cariño que al resto de sus hijos. Cuando, en alguno de tantos
momentos de soledad y tristeza, veía pasar surcando el cielo a unas hermosas aves de blanco y reluciente plumaje, cuello
largo y esbelto, y majestuoso porte, el solitario patito pensaba:
"¡Ojalá, fuera tan hermoso como ellos!, así me aceptarían en la corral".
Un día cansado de tantos desprecios, alzó el vuelo y se alejo de aquel lugar en donde tan infeliz había sido; durante algún
tiempo anduvo sin rumbo fijo, para finalmente ir a parar a otra granja, donde a punto estuvo de acabar dentro de una olla
aliñado en pepitoria, pero, afortunadamente también de esta peligrosa situación, pudo salir airoso, huyendo a toda prisa.
Como no tenía donde ir y estaba muy asustado, se refugió a la orilla de un lago medio escondido entre un espeso juncal, y
allí permaneció hasta que llegó el invierno y el agua se helo sufriendo sus inclemencias, unos niños que  jugaban por los alrededores lo encontraron a punto de perecer congelado, inmediatamente
se lo llevaron a casa proporcionándole todos los cuidados necesarios hasta su total recuperación.
Con la llegada del buen tiempo estaba tan crecido, que decidieron llevarle al estanque con el resto de los animales acuáticos,
cuando el reflejo del agua le devolvió su imagen vio con asombro que sus sueños se habían cumplido, la silueta que divisaba,
no era precisamente la de un pato feo, sino la de un hermoso cisne, igual que la mayoría de los que por allí pululaban.
Una distinguida hembra se le acercó solícita y acogedora, despertando en él nuevos y agradables sentimientos:
-¡Que guapo eres!, ¿dónde has estado metido, que no te había visto hasta ahora?
-Algún día te contaré mis peripecias, -respondió el Patito-.
-Puedes venir con nosotros.
Y, a partir de entonces, nunca más volvió a estar solo el Patito Feo.
FIN |
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